El amor es darse, es servicio fecundo, es entrega, es generosidad. Amar es el acto más sublime del ser humano.
El amor espiritual de la pareja implica dos voluntades que se comprometen y buscan libremente el bien del otro. Dos inteligencias que han de esforzarse por ayudarse mutuamente a alcanzar su mejor bien.
Amar, pues, es un acto de voluntad, no un mero deseo o sentimiento. Y ese acto ha de ser libre y voluntario. Un acto que nazca desde nuestro interior.
El Papa Juan Pablo II dijo:
"En cuanto espíritu encarnado, es decir, alma que se expresa en el cuerpo, el hombre está llamado al amor en esta totalidad. El amor abarca también el cuerpo humano y el cuerpo se hace partícipe del amor espiritual... En consecuencia, la sexualidad, mediante la cual el hombre y la mujer se dan uno al otro con los actos propios y exclusivos de los esposos, no es algo puramente biológico, sino que afecta al núcleo íntimo de la persona humana como tal."
Rescatando el pensamiento del Papa, el amor une lo espiritual con lo físico, en estos tiempos modernos, donde el amor se "comercializa", el matrimonio es "obsoleto" y la sexualidad es un asunto genital, les insto para que hagan un alto en el camino y dejen que el amor y el perdón corran por sus venas, tratemos de ser mejores personas, mejor esposa, mejor novia, mejor hija, mejor amiga, mejor MAMÁ, tal vez así nuestros hijos reciban un mejor mundo.

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